Ciego frente un elefante

La voz de la radio anuncia la fuga de un elefante: grande, vigoroso, fiero. La multitud acaba de marchar, y el último trovador corre tras una moneda.

Nadie corre, nadie habla, nadie mira. Todo alrededor es una creación de un supuesto. El piso tiembla, el polvo se levanta. Un sonido escalofriante escaramuza su piel. Imagina a un hombre que equivale a cinco y gordo como cinco, de voz estrambótica corriendo a toda marcha frente a él.

El trovador grita enérgico: ¡Ahí va el elefante! , – ¿Qué elefante? ¡Soy ciego, trovador!

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