Un papel arrugado y un lápiz gastado

De color amarillo y tirado  en la mesa, muestra  rasguños  por apretujones de dedos  y  raídos de uñas, cada vez más golpeado, pero también menos usado,  se encuentra descansando un lápiz  sobre la mesa.

Junto  al lápiz,   un trozo arrugado de papel y de cuerpo cuadriculado que recorre al tacho y luego el olvido. Un par de cuadernos a la izquierda con  sticker´s que los identifican. Nada llamativo en particular. Nada.  El polvillo del lápiz  apunta  y presiona sobre la nueva hoja, revive su acción y acaba su descanso.

Es una semana de parciales y  de tareas pendientes,  la que ha  traído su cuerpo al uso constante en las noches, olvidando su pasividad en la repisa junto a las monedas.

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Un hombre menos no importa

Un alma errante camina bajo  el manto de la oscuridad,  mientras sus ojos desorbitados observan la soledad.  Acaba de comprender que la sociedad lo abandonó, o él abandonó la sociedad.  Reposa su cansancio sobre una pared desgasta  y con escritos de vándalos. Le es indiferente. Lleva  sus manos a la cabeza y  vocifera enajenado. Sus ojos se volvieron más grandes, sus cabellos vuelan por los aires, sus pómulos se ruborizan y se lanza frente al auto que recorre la utopista a más de cien. Un hombre menos  no importa.

Historias escritas de noche